Nuestra historia
Durante más de 48 años, hemos sido un colegio comprometido con una educación que forma tanto la mente como el corazón. Nuestra misión es clara: brindar a cada estudiante un espacio seguro, afectivo y estimulante, donde pueda aprender, sentirse escuchado y crecer con confianza.
Creemos en una educación que respeta la voz de cada niño y fortalece su autoestima. Por eso promovemos una disciplina basada en el diálogo y la reflexión, no en el miedo ni la imposición.
Ofrecemos una enseñanza de calidad que va más allá de lo académico. Acompañamos a nuestros estudiantes en el descubrimiento de sus talentos, impulsando su creatividad, el pensamiento crítico y el trabajo en equipo. Todo ello, sostenido en una sólida formación en valores humanos y cristianos.
Nuestro propósito es formar personas íntegras, seguras de sí mismas y comprometidas con su entorno, preparadas para asumir los retos del futuro. Queremos que nuestros alumnos se conviertan en agentes de cambio, actuando con empatía, responsabilidad y fe.
Nuestra Misión
Brindar a nuestros estudiantes una educación integral y personalizada con la práctica constante de principios y valores para que sean capaces de enfrentar los retos que la vida les presente y ser felices, disfrutando su etapa escolar
Nuestra Visión
Ser reconocidos como un colegio innovador, formadores de líderes con sólidos principios, capaces de transformar el mundo en que viven en beneficio de la humanidad.
Pilares institucionales
Son valores que sostienen nuestra propuesta educativa y dan sentido a nuestras actividades, rutinas y cultura escolar. Estos pilares son: el respeto y el afán de superación enmarcados en el amor a Dios, a la patria y a nosotros mismos. Estos valores inspiran una vida ética, orientada al servicio, al crecimiento personal y a la construcción de una sociedad fraterna.
Es el reconocimiento, consideración y aprecio hacia la dignidad, derechos, ideas, sentimiento e integridad de los demás y de uno mismo. Este valor es uno de los fundamentos de las relaciones humanas y por ende, de la convivencia armoniosa. La práctica del respeto se evidencia a través de las siguientes actitudes y comportamientos:
- Aceptar y valorar la diversidad humana, sin imponer juicios personales ni descalificar a quien no es igual a mí.
- Actuar con empatía, poniéndome en el lugar del otro y evitando causar daño.
- Cuidar el trato interpersonal, usando palabras, gestos y acciones que reflejen consideración y cortesía hacia los demás.
- Respetarse a uno mismo, reconociendo el propio valor, cuidando la integridad personal y estableciendo límites sanos.
Es la actitud de esforzarse constantemente por mejorar, aprender y crecer, superando dificultades con determinación y resiliencia.
El afán de superación nos impulsa a no conformarnos con lo que somos y conseguir metas significativas, por lo tanto, se relaciona con la búsqueda de la excelencia que guía el comportamiento hacia el progreso personal, socioemocional, académico y profesional. La práctica del afán de superación se caracteriza por:
- La resiliencia: capacidad de recuperarse ante la adversidad y aprender de los fracasos.
- Determinación: capacidad de persistir para alcanzar objetivos.
- Automejora continua: deseo de perfeccionarse, de adquirir nuevas habilidades y superar limitaciones.
- Rechazo al conformismo: impulso a la evolución constante.
Galería
Recorre los momentos que nos definen: actividades, logros, celebraciones y espacios que hacen de Santa Teresita un lugar único para aprender y crecer